Al final está el hombre. Está, estuvo. Desusada presencia. La sucesión, el tiempo. El hombre es un testigo que se extingue, mas no el fuego con él. El fuego, el suyo, dura, el que un día remoto el mediador robó por él a un dios. Y así se hizo el hombre como un dios, fue portador del fuego inextinguible. Navega la mar gris contra el viento del sur y puede abrirse una vía en el abismo. surcado está de arrugas. Tan sólo para alejar la muerte jamás tendrá conjuro. apenas puede pasar el hálito de un corazón a otro corazón; dios un momento alzado y luego sumergido para siempre en la noche.
< volver menú libros 12/15. Campo. © fotos: Jeanne Chevalier. © textos: José Angel Valente