La mayoría de esas imágenes han sido realizadas con cámaras de cuatro cuartos. Puertas abiertas al azar sin olvidar, de cualquier forma, presionar el disparador. Una cierta inseguridad me da el gusto de la aventura y me obliga a estar más disponible, recibir más que a querer. Creer en las coincidencias, no cortar las delicadas alas de las imágenes que quizás un día volarán por su cuenta.
Marrakech, junio 1997
< volver menú libros 25/25. Tres historias marroquíes. © Jeanne Chevalier